domingo, 31 de agosto de 2008

Madre e hijo

Mat i Syn (Mutter und Sohn)

Alexandr Sokurov (aka Alexander Sokurov)

1997

Coproducción Rusia-Alemania

mi puntuación 8.


Una película un tanto extraña, con tomas lentas de paisajes un tanto oníricos, toda la película parece una pintura.  Al principio madre e hijo se confunden como si fueran un solo ser, una cabeza de madre, un brazo de hijo, una cabeza de hijo, un cuerpo de madre; luego se separan para dar paso a la enfermedad de la madre, el hijo cuida de su madre enferma, presintiendo la proximidad del último suspiro de la madre.  La madre le pide al hijo que la saque a dar un paseo por el bosque, como para evocar los recuerdos de su juventud.  El  hijo carga a la madre en brazos y van visitando los más extraños paisajes, una planicie que parece no tener fin, un sendero curvo que pareciera que uno camina inclinado hacia un lado y que fuera caer.  Unos árboles en una loma desde donde se puede mirar un valle de verde pasto que se mece al compaz del viento.  Luego regresan a la vieja casa, la madre se recuesta, a través de la ventana admiran cómo florecieron unos arbustos plantados en el jardín. La madre se queda dormida, el hijo sale al bosque, llega a una loma desde donde se puede admirar un barco de vela en un mar azul; llora silenciosamente; regresa a la vieja casa; se puede observar una mariposa en la mano de la madre, representando al mensajero de la muerte.  El hijo pega un grito lleno de tristeza, que parte el silencio de la casa, le susurra al oido que lo espere. 

Drama / Historia de un abnegado hijo que cuida de su madre enferma. En una vieja casa aislada, situada en un fantasmagórico paraje campestre de tonalidades pictóricas, un hombre joven (Aleksei Ananichnov) dispensa amorosas atenciones y cuidados a su madre gravemente enferma (Gudrun Geyer). En su última salida al exterior, su último paseo juntos, él la lleva en brazos al tiempo que trazan una melancólica evocación de ciertos hechos del pasado. Cuando vuelven a la casa, el hijo alimenta a la madre como si de un bebé se tratara y conversan sobre el sentido de la muerte y el miedo a la soledad. El joven vuelve al exterior y deambula por el paisaje, en una pura expresión de dolor y pérdida. Ya sólo queda volver a la casa, esperar junto a la fallecida y tener paciencia. Negros nubarrones se ciernen en la lejanía... (FILMAFFINITY) 


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